Indianidad Positiva


Según las voces de la ciencia y el eco de la tradición, todos los pueblos americanos descendemos de no más de cien caminantes que, cruzando los hielos de Beringia, se internaron en un continente virgen, vasto y lleno de presagios.

LA MEMORIA DE LOS PRIMEROS

Nosotros, hijos del Anáhuac, nietos del Tahuantinsuyo, de los Mayas, de los Purépecha, de los Pipiles y de los pueblos sin nombre, reconocemos que nuestro origen fue humilde pero colmado de grandeza.

Según las voces de la ciencia y el eco de la tradición, todos los pueblos americanos descendemos de no más de cien caminantes que, cruzando los hielos de Beringia, se internaron en un continente virgen, vasto y lleno de presagios.

Y he aquí el prodigio:
sin caballos, sin bueyes, sin ruedas ni hierro,
construimos ciudades orientadas al cielo,
levantamos calendarios más precisos que los de otras tierras,
erigimos templos sin clavos,
y abrimos caminos en selvas y desiertos.

Fuimos pocos. Pero fuimos sabios.
La adversidad nos templó. La tierra nos habló.
Y respondimos con astronomía, arte, filosofía, espiritualidad, milpa, códice, consejo.


MÉXICO: HEREDEROS DE DOS SOLES

Decir que somos solamente hispanos es mutilar el espejo.
Y decir que somos solamente indígenas es negarle el sol a la luna.

Somos herederos de los pueblos del maíz y de los pueblos del hierro.
No vinimos de ultramar como los anglosajones del norte que arrancaron tierra y borraron raíces.
Nosotros somos raíces.
Nuestra historia se injertó en esta tierra y no puede arrancarse.
México no fue colonizado: fue transformado.
Y el resultado es único en la historia de la humanidad.

El mestizaje no es vergüenza.
El mestizaje no es pecado.
El mestizaje es la sangre del Sol y la Cruz bebiendo del mismo río.


LA INDIANIDAD POSITIVA: RECONCILIACIÓN Y DESTINO

Rodolfo Nieva López, llamado Izcayotzin, habló del alma ancestral que vive aún en la lengua, el rostro y los gestos de los mexicanos.

Sin embargo, el indigenismo separatista, sostenido por resentimientos o intereses, divide al pueblo. Nos convierte en “ellos” contra “nosotros”, cuando en realidad somos la misma casa, el mismo barro, el mismo canto.

La indianidad positiva no predica odio ni victimismo.
Predica reencuentro, restauración y dignidad.
Nos llama a dejar de buscar el espejo roto del extranjero y volver a mirarnos con ojos de piedra volcánica y fuego interior.

La indianidad positiva no exige privilegios ni etiquetas.
Exige memoria, trabajo, unidad.


NUESTRA TAREA: RECUPERAR EL MANDATO ANCESTRAL

Debemos levantar de nuevo los pilares de la casa de los antiguos:

  • El calpulli: la familia extendida, el barrio como núcleo de destino compartido.
  • El consejo: donde los viejos sabios orientaban sin imponer.
  • La milpa: economía regenerativa, autosuficiencia con equilibrio natural.
  • La palabra florida: retomar el arte de hablar con verdad y belleza.
  • El fogón central: como símbolo de que todos cabemos alrededor del mismo fuego.

EL DERECHO A LA TIERRA Y A LA HISTORIA

Nosotros no fuimos trasplantados a América.
Somos América.
Y por ello, tenemos un derecho espiritual y natural a habitarla, cultivarla y preservarla.

No estamos aquí por la conquista.
Estamos aquí porque nuestros abuelos lo estuvieron.
Porque nuestras manos saben labrar este suelo.
Porque nuestros huesos ya son parte del polvo sagrado de esta patria.

No mendigamos espacio en el mundo:
venimos a restaurar el equilibrio.


UN LLAMADO A LOS HIJOS DEL SOL Y LA CRUZ

Que la indianidad positiva sea el crisol en que se funden los pueblos de México,
los de la Sierra y los del Altiplano,
los de las ciudades y los de la selva,
los que rezan en náhuatl, en latín o en silencio.

Que no haya más división sembrada por ideologías extranjeras.
Que no haya más vergüenza del rostro cobrizo ni del nombre ancestral.
Que no haya más olvido del idioma ni del espíritu.
Que se rompa el ciclo de la desmemoria.

Y que desde el quincunce, el centro sagrado de los cinco rumbos,
surja el Hombre Nuevo:
hijo de la milpa, nieto del Evangelio,
custodio del maíz y del verbo,
constructor de una Patria Grande que no será borrada.


 

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