A diferencia de tantas manifestaciones que vemos todos los días —esas que hablan de “violencias vicarias” o que vandalizan las ciudades por ridiculeces individualistas, de género o de identidades particulares—, este paro es una causa que toca el centro mismo de la vida de todos los mexicanos. Porque cuando los camiones no circulan y los campos no producen, todo el país se detiene.
Mañana, los transportistas y los agricultores de México han decidido parar. No lo hacen por capricho, ni por una moda ideológica, ni por buscar reflectores. Lo hacen porque ya no pueden más.
¿De qué hablamos cuando hablamos de extorsiones? Hablamos de que los transportistas ya no pueden transitar por las carreteras sin pagar “derecho de piso” a la delincuencia. Hablamos de que los agricultores no pueden sacar su cosecha sin que les quiten el producto, les incendien los vehículos o les amenacen a sus familias. Hablamos de un México donde trabajar honestamente se ha vuelto un acto de valentía.
Y eso tiene consecuencias directas en la vida de cada uno de nosotros:
- El costo de la canasta básica sube porque la comida no llega a tiempo a los mercados.
- El precio de todo se encarece porque el transporte se vuelve más caro y riesgoso.
- Las familias ya no pueden viajar con tranquilidad por miedo a un asalto o a un secuestro exprés.
- El turismo se cae, los pueblos se quedan sin ingresos y miles de empleos se pierden.
Esta no es una protesta de unos cuantos. Esta es una protesta por la supervivencia del país real: del que produce, del que transporta, del que trabaja y del que paga impuestos.
Mientras algunos paralizan vialidades de forma reiterada y absurda por intereses salariales o de grupo, estos hombres y mujeres están parando porque las autoridades de los tres niveles no han hecho nada para frenar la inseguridad y la extorsión pese a haberse comprometido con ello hace meses. Y cuando los transportistas y los agricultores se asfixian, todos nos asfixiamos.
Por eso hoy decimos con claridad. Apoyamos el paro de los transportistas y los agricultores.
No porque estemos en contra de un partido político o de una figura pública, sino porque estamos a favor de México. Apoyamos su derecho legítimo a decir “ya basta” a la extorsión, a la inseguridad y a la indiferencia oficial.
Exigimos al gobierno federal y a los gobiernos estatales que dejen de negociar con la delincuencia, que combatan fehacientemente el cobro de piso y empiecen a proteger a quienes producen y mueven la riqueza del país.
Porque un país donde los que trabajan son extorsionados y los que delinquen mandan, no es un país en paz, es un país en derrota.
¡Fuerza a los transportistas y a los agricultores!
Su lucha es la lucha de todos los mexicanos que aún queremos vivir de nuestro trabajo y no de la limosna o del miedo.
¡México prevalece!

