En mi último libro publicado en el año 2004, vaticiné que en el sexenio de Claudia Sheinbaum habríamos de presenciar la materialización física de los poderes paralelos que se han venido consolidando en los últimos años. Concretamente, había predicho que veríamos la toma de ciudades e incluso de puntos de la ciudad de México por parte de criminales armados en lo que corresponde a una territorialización pública del régimen mafioso que ya gobierna gran parte del país.
A lo que voy, es que las autoridades legalmente constituidas sólo ejercen una soberanía teórica y un poder administrativo simbólico en gran parte del país, pues por más que tanto el ejército como la policía tengan la fuerza suficiente como para derrotar a los adversarios criminales, los políticos se encuentran atados de manos gracias a las legislaciones nebulosas y a la corrección política hipócrita que impera en la actualidad.
Ciertamente, no estamos ante un fenómeno nuevo pues ya durante la primera mitad del siglo XIX, gran parte del norte de nuestro país sufría la inclemencia de los ataques de tribus indígenas financiadas desde Estados Unidos para saquear comunidades mexicanas y revender la mercancía en las ferias de la Cuenca del Mississippi.
En aquellos años, millares de mexicanos presenciaron la forma en que sus fuentes de trabajo eran destruidas y sus hijos eran secuestrados mientras los soldados y fuerzas del orden público observaban los acontecimientos sin intervenir. En el sur del país, los caciques delincuenciales como Juan Álvarez y Florencio Villarreal también habían establecido un régimen de terror, asaltando los caminos, robando la mercancía de los comerciantes y llevándose a las mujeres de las comunidades sin que el gobierno central hiciera absolutamente nada para detenerlos.
La corrección política liberal, propia del duende cannibal con atuendo de ópera y sombrero de pompones, era un asunto tan importante que hasta el propio Antonio López de Santa Anna, mientras el país era invadido por Estados Unidos, decidió abandonar el campo de batalla porque el gobierno legítimo le había ordenado regresar para combatir un levantamiento opositor en el centro del país. ¡Vaya sentido común! Ya años atrás, en 1836, el infame general Filisola decidió retirar a nuestras fuerzas militares de Texas atendiendo a la orden del propio Santa Anna, a pesar de que está totalmente contraindicado seguir órdenes de superiores presos o capturados. El liberalismo, tanto ayer como ahora, es una enfermedad de la mente y un cáncer que corroe los corazones y las mentalidades.
De ahí la importancia de combatir al liberalismo en todas sus esferas: económicas, culturales, políticas, financieras, morales, etc. Cualquier movimiento que pretenda renovar la vida nacional para defender valores de corte republicano, liberal o institucionalista debe ser combatido y denunciado sin miramientos.
Y esto es muy importante porque hoy por hoy, la prensa de izquierda está más que dispuesta a presentar al más mediocre de los liberales como un disidente social de peligro, precisamente porque lo que se busca es crear un villano inofensivo que pueda ser catalogado como un enemigo contra el cual luchar, fortaleciendo así la narrativa oficial del gobierno de Sheinbaum.
Hoy, tal como lo hacían Gómez Farías o Santa Anna primera mitad del siglo XIX, el gobierno de Sheinbaum se concreta a enviar mensajes de calma a la población diciéndoles que todo está bajo control mientras el país arde en medio de la violencia, a la vez que se rasga las vestiduras tachando a sus opositores de anti patrióticos. En modo alguno, existe la más mínima intención de poner fin a la violencia mediante la detención o eliminación de todos los elementos criminales y de extorsión que asolan nuestras comunidades, pues lo único que importa es la conservación de la institucionalidad y de la “legalidad”.
Sin embargo, esto no debe ser motivo para caer en el engaño de la disidencia controlada, pues toda fuerza que sea partidaria del intervencionismo yanqui en México o que pretenda regenerar el sistema desde una perspectiva liberal, aunque sea contraria al aborto o la ideología de género, debe ser catalogada como falsa.
Nosotros buscamos la defenestración del régimen liberal y el establecimiento de un nuevo orden nacional. Cualquier otra cosa es un engaño, es una estafa.

