Los acontecimientos del día de ayer en la cámara de senadores son vergonzosos.
La impostura, falsedad y simulación de parte de Noroña, que durante años fingió ser un hombre pulcro y un luchador contra la corrupción para convertirse en porrista de los corruptos de ahora, ese todo es conocida.
Sin embargo, lo deplorable es que todavía algunas personas se atrevan a solapar la conducta de Alejandro Moreno, que como vil porro, se le fue a golpes a otro parlamentario y ahora alega que el país está al borde de una dictadura como la de Venezuela, cuando Moreno presidió la COPPPAL que fue la primera versión del Foro de Sao Paulo e infiltró las ideas de la ultraizquierda en partidos “moderados” como el PAN o el PRI.
Dicho sea de paso, quién respaldó a Alejandro Moreno para que se hiciera cargo de la multipartidaria latinoamericana fue el petista Alberto Anaya, operador de los hermanos Salinas de Gortari y después de Andrés Manuel López Obrador, cuya labor de cabildeo en la asamblea de la COPPPAL en Nicaragua permitió que Moreno se hiciera del liderazgo de la misma en noviembre del 2019.
Alito, el gran destructor
En vista de que Alejandro Moreno alega persecuciones políticas a cargo de MORENA, resulta bastante sospechoso que el Tribunal Federal Electoral, supuestamente en manos de la “dictadura” haya avalado su reelección como dirigente del tricolor pese a las flagrantes violaciones de los estatutos de ese partido y la coerción ejercida contra sus miembros.
A lo que voy, es que Alejandro Moreno se autoimpuso como dirigente del PRI gracias al aval de las autoridades, que no tomaron en cuenta el sentir de gran parte de la militancia del PRI, que señala al campechano como el responsable de una absurda alianza con el PAN y un colapso electoral mayúsculo.
Pese al estigma de la corrupción, el PRI se había destacado por la promoción de una verdadera cultura cívica en el quehacer parlamentario. Por años, el PRI había sido una institución de excelencia en su formación de cuadros y en la calidad académica de sus tecnócratas. Hoy, Alejandro Moreno se ha encargado de acabar con el poco prestigio que aún conservaba el tricolor.
En efecto, tanto Alessandra Rojo de la Vega como Lily Téllez y ahora Alejandro Moreno, fungen como los villanos del cuento porque ese es el papel que desempeñan dentro del sistema, al convertirse en piñatas políticas que el régimen puede presentarnos como los malos de la película para que de este modo, los falsos héroes Andrés Manuel y Sheinbaum continúen legitimándose frente a la población.

