Los partidos pro-sionistas en México

ByJuan C. Lopez Lee

3 enero, 2026

Hablar de sionismo en el contexto actual es incómodo porque frecuentemente, la oposición contra el sionismo aparece mediatizada como una animadversión velada hacia las comunidades judías y el estado israelí. En la práctica, el Israel moderno es un país consolidado. De ahí que el sionismo original, que buscaba el establecimiento de una patria judía en Palestina, ya no pueda considerarse en modo alguno como un asunto de controversia. Por ende, las fuerzas de izquierda que hoy se envuelven en la bandera palestina no tienen más propósito que el de confundir, pues buscan circunscribir el término “sionismo” a su significado del siglo XIX, que no es en modo alguno aplicable a la época actual.

Por tanto, el “sionismo” al que hacemos referencia no es el de Theodor Herzl sino el que describe al afán conspirativo de grupos económicamente poderosos y familias de banqueros y usureros internacionales, que casi nunca son judíos de religión ni de sangre, pero usurpan la idea de la Tierra prometida y del pueblo bíblico para imponer su dictadura de vasallaje capitalista y explotación global. Obviamente, este “sionismo” carece de legitimidad, pues roba y usurpa la herencia e historia judías para impulsar agendas internacionales afines al establecimiento de una dominación injusta e inaceptable.

En la actualidad, los esbirros del atlantismo frecuentemente hacen alarde de su cercanía hacia el Estado de Israel y hacia el pueblo judío para impulsar agendas internacionales que son lesivas para todos y que de hecho, contribuyen a fomentar la confusión y las luchas internas en nuestros países.

En México, por ejemplo, algunos mercenarios al servicio de los partidos políticos han predicado que el supuesto origen judío de Claudia Sheinbaum automáticamente convierte a sus opositores en personas a las cuales hay que apoyar, cuando la realidad es que estas falsas oposiciones son tan afines a la dominación globalista como la gente del partido oficial. Los grafittis racistas contra Sheinbaum en la protesta de la “Generación Z”, por ejemplo, no solo son inaceptables sino también contraproducentes porque buscan legitimar a sus opositores liberales como “mexicanos” cuando en la mayoría de los casos se trata de fuerzas abiertamente anti nacionales.

Este es el caso de Somos México -nombre actual de la Marea Rosa- que a pesar de presentarse como un partido abiertamente antimorenista y antiobradorista, abraza abiertamente las causas del progresismo cosmopolita. De ahí que este partido sea feminista, abortista e hipersexualizador por convicción. Somos México es a todas luces, un proyecto de corte internacionalista, neomarxista, posmoderno y de ultraizquierda, que de hecho busca replicar las agendas de MORENA desde la oposición. Sobra decir, que nada tiene esto que ver con el judaísmo místico o tradicional, que en modo alguno aprueba estas agendas de muerte.

En la derecha, por su parte, movimientos electoralistas como México Republicano, alardean constantemente de su cercanía con el gobierno de Donald Trump para pararse ante las cámaras. Sus líderes, del mismo modo, por momentos parecen abrazar los aspectos más beligerantes y racistas del supremacismo israelí que no es en modo alguno compartido por los sionistas originales ni por buena parte de los ciudadanos del Israel moderno, que buscan afanosamente la integración de su país al mundo oriental al que pertenecen.

La postura pro israelí de mucha gente en el campo de la derecha generalmente sirve al mismo propósito que la postura antisionista de la izquierda, que es el mantener viva una controversia absurda sobre el sionismo del siglo XIX, que ya no tiene ningún sentido porque la existencia de Israel como país moderno en el Medio Oriente es una realidad ineludible. Por ende, los influencers supuestamente derechistas que abrazan el supremacismo israelí en realidad lo hacen por exhibicionismo, por presentarse a sí mismos como agentes de los grandes potentados y de los dueños del mundo cuando la realidad es que no son nada.

De entrada, Theodor Herzl, creador del sionismo real, jamás buscó el sometimiento de otras naciones. Lejos de eso, creía que la construcción de una patria judía concreta alejaría a los judíos de la izquierda globalista, que sí buscaba la conquista del mundo y explotaba los talentos organizativos de muchos jóvenes judios.

A diferencia del partido neomarxista Somos México, los neoconservadores de “México Republicano”, que apoyan la guerra contra los árabes en nombre del estado israelí, se han quedado muy lejos de la posibilidad de constituirse. Sin embargo, los evangélicos de Hugo Erick Flores y otro grupo similar denominado “México Tiene Vida” sí lograron acercarse a la obtención de un registro electoral para contender en las próximas elecciones.

El caso de los evangélicos sionistas es comprensible en los Estados Unidos por la forma que el protestantismo calvinista tomó en la construcción de ese país y la marcada influencia de la masonería británica, qué usurpó la idea del pueblo elegido. No obstante, los evangélicos que apoyan a Israel en los países hispanohablantes casi siempre son personas ignorantes que se unen a esas sectas creyendo que al abrazar el protestantismo, se volverán ricos.

Después de todo, el infame liberalismo juarista y sus equivalentes en el resto de continente siempre creyeron que el desmantelamiento del catolicismo y la importación de formas estadounidenses de gobierno traerían la prosperidad, cuando tal cosa no fue sino un espejismo y en el peor de los casos, una conspiración cuyo claro propósito fue sabotear el futuro de nuestra civilización iberoamericana.

Nuestro adversario no es entonces el estado israelí sino el globalismo plutocrático, tanto en su forma atlantista como en su faceta progresista, que ha usurpado herencias religiosas ajenas para imponernos su proyecto de dominación mundial.