Decidimos guardar silencio en torno al tema de la Generación Z durante varias semanas porque era evidente su naturaleza, ya no como disidencia controlada sino como trampa para hacer ver a quienes participaban, como unos farsantes y unos embusteros.
En efecto, dado el desprestigio absoluto de los partidos liberales PAN y PRI, era necesario crear otros actores que pudieran servir como parapeto para desacreditar a quienes reaccionan indignados ante la destrucción del país. Previamente, los esbirros del régimen se aseguraron de aniquilar políticamente a los sectores patriotas que aún militan en esos partidos, subordinándolos a las pandillas feministas que los dirigen.
Ya desde el sexenio antepasado, Ricardo Anaya -un personaje altamente sospechoso- logró dinamitar al PAN desde adentro para facilitar su disolución, llevándose entre las patas también al PRD. El PRI, por su parte, fue desmantelado y secuestrado por su dirigente actual, cuyos nexos con el obradorismo a través del PT son una clara prueba de su impostura.
Como era de esperarse, la posibilidad de que la “opoficción” pueda resurgir es casi inexistente. De ahí que el régimen se vea obligado a crear nuevos espantapájaros que legitimen su papel como la única fuerza política real.
Este es precisamente el caso del “movimiento” de la Generación Z, señuelo que permitió al gobierno de Claudia Sheinbaum desacreditar la lucha contra su régimen mucho antes de que esta pudiera tomar una forma concreta en la realidad.
Hoy, a casi dos meses del fiasco, ha quedado de manifiesto el embuste de quienes siempre fungieron como golpeadores al servicio de los partidos políticos, que durante algunas semanas, trataron de convencer a patriotas de buena fe para unirse a movilizaciones que expusieron a sus participantes al escarnio público.
Por décadas, estas personas han engañado a la gente del movimiento provida, fletándose como defensores de catedrales y monumentos religiosos a la vez que participan en corrientes partidistas con feministas y “progres” de toda clase.
Como verdaderos traidores y auténticos anti mexicanos, estos propagandistas de la mediocridad han cambiado una y otra vez de camiseta por dinero para venderse al mejor postor. Con tal de salir en la foto y hacer bullicio, esta gente ha llevado a muchos patriotas de buena fe a abandonar el activismo como consecuencia de los conflictos personales a los qué han sido arrastrados.
De ahí su necesidad de actuar contra el Frente Nacionalista de México a través de las redes sociales mediante gente que denuncia nuestras publicaciones y ejércitos de bots que las arrasan con reacciones, las cuales no hacen sino afirmar nuestra legitimidad.
Estos mercenarios de los partidos políticos, a veces colaboran con empresas de seguridad privada y con algunos instructores de gimnasios con el fin de darse a conocer en alguna que otra movilización. No obstante, siempre terminan siendo abandonados por la gente “importante” a la que reclutan cuando su naturaleza real como impostores, charlatanes y vende patrias sale a relucir.
El Frente Nacionalista de México, por su parte, ha salido siempre incólume en su reputación, pues no hay otra convicción en nuestro movimiento que no sea la de la congruencia en la lucha y en la de seguir siempre el camino correcto, que ciertamente no es el de la colaboración con la anarquista coronada Alessandra Roja ni con la Marea Rosa o con cualquier otra fuerza execrable del progrerío.
De hecho, en aquellas ciudades de provincia donde los nacionalistas marchamos en solidaridad con nuestros hermanos de Michoacán y otras regiones del país que han plantado cara a la delincuencia organizada, las movilizaciones se dieron de manera ordenada y por supuesto, sin presencia de la insignia de la Generación Z.
No obstante, el daño ya está hecho y el régimen que impide el desarrollo verdadero de la patria se salió con la suya otra vez.

