En el periodo de mayor decadencia del Imperio Romano, por ahí del año 217, el emperador Caracalla, fue asesinado. Un año después, su familia materna impuso como emperador al adolescente Heliogábalo.
Durante su mandato, Heliogábalo, partidario de la religión semítica pagana, sustituyó el culto de Júpiter por el Dios semítico El Gabal, que para simplificar las cosas, era algo así como una contraparte pervertida de la deidad hebrea Yahvé. De principio a fin, el gobierno de Heliogábalo se encargó de transgredir todas las normas y tabúes religiosos o civiles habidos y por haber. Entre otras cosas, su odio por la sociedad tradicional y por valores como la virginidad y el respeto por la mujer se tradujo en su matrimonio teatral con una virgen vestal a la cual deshonró. Heliogábalo, que en realidad era homosexual, se divorció al poco tiempo de la antigua virgen vestal para relacionarse con mujeres viudas mayores, como suelen hacer muchos homosexuales, a la vez que dotaba de toda clase de favores políticos y económicos a sus amantes masculinos.
Según los cronistas de la época, Heliogábalo solía vestirse de mujer para deambular en busca de encuentros con nombres por las noches. Además, realizada festividades y desfiles en honor al Dios semita El Gabal y sus consortes femeninas (de las cuales él se consideraba una de ellas) que se caracterizaban por el desenfreno y la repartición de comida y ayudas entre los pobres. Tiempo después de su muerte, tras haber sido linchado, surgió otra leyenda donde se señala que el emperador había asfixiado a los invitados de una cena con una tormenta de rosas y violetas.
Para el escritor francés Antonin Artaud, autor de un interesante ensayo sobre este emperador:
“… lo que aparece en esta imagen cambiante, en esta naturaleza fascinante y doble que desciende de Venus encarnada, y en su prodigiosa inconsecuencia sexual –imagen misma de la más rigurosa lógica de la inteligencia-, mucho más que el Andrógino, es la idea de la anarquía”.
Aunque Heliogábalo no es tan famoso ni conocido como Nerón o Calígula, su figura tiene muchos más paralelismos con la actualidad porque del mismo modo en que este emperador adolescente vivió y protagonizó la decadencia de Roma, nosotros estamos presenciando la fase terminal de la mal llamada civilización occidental, qué es la del capitalismo estadounidense globalizado. Al igual que Heliogábalo, el sistema actual se trasviste y opera como un totalitarismo “blando” que aplasta a la gente sana con maquillaje, marihuana, violetas y pañuelos verdes manchados de sangre.

Al igual que el capitalismo woke de la Agenda 2030, Heliogábalo impuso cuotas de género en la administración pública y decretó que el senado romano fuese integrado por mujeres.
Heliogábalo, dicho sea de paso, era también un puritano que se hizo circuncidar como parte de los antiguos pactos de su raza semijudía. Y es que a final de cuentas, los tentáculos del judaísmo no solo se circunscriben al rabinismo patriarcal sino también a su otra dimensión, qué es la de las deidades femeninas orgiásticas que sus propagandistas implantan en las sociedades extranjeras que ellos han corrompido a lo largo de la historia.
Alessandra Rojo de la Vega ciertamente no es transgénero ni es indecente. No obstante, representa una forma velada del heliogabalismo convertido en republica e implantado en nuestra sociedad para destruirla desde sus cimientos. Y al igual que Heliogábalo, representa el encumbramiento de una casta extranjera en nuestro territorio a través de la cultura y de la infiltración. Como toda disidencia controlada, el movimiento encabezado por la alcaldesa de Cuauhtémoc engaña al pueblo, pelea por el poder y a veces lo ejerce, sin que esto pueda ser jamás un verdadero gobierno.
Heliogábalo es un anarquista nato, que soporta de mala gana la corona, y todos sus actos como rey son actos de anarquista nato, enemigo público del orden, o sea de un enemigo del orden público; pero su anarquía primero la práctica en sí mismo y contra sí mismo, la anarquía que introduce en el gobierno de Roma, puede decirse que la predica con el ejemplo y que pagó por ella el precio debido.
Y si, el heliogabalismo de Alessandra Rojo, de la ideología woke y del feminismo convertido en religión oficial fomenta precisamente eso: la práctica de impiedades por parte de los seres humanos contra ellos mismos para que se autodestruyan y se transformen en monstruos. Sin embargo, mientras Heliogábalo era lo suficientemente honesto para poner el ejemplo y destruirse a sí mismo, los sofisticados líderes woke como Alessandra Rojo se abstienen de lo malo en sus vidas a la vez que lo promueven entre las masas. Esa es, lamentablemente, la moral talmúdica convertida en política.
De ahí la necesidad de resistir a la farsa de Alessandra Rojo y sus secuaces, combatiendo la gentrificación, alentando a la movilización e impulsando su salida de la alcaldía de Cuauhtémoc, pues a final de cuentas, Alessandra es otra comparsa más del sistema, que pretende sustituir al que está en el poder para imponer algo todavía más radicalizado e impío.
Tarde o temprano, todos estos farsantes pagarán por sus obras de impiedad y destrucción.

